· Abraham · Alyss AI · 4 min read
Manifiesto Fundación Alyss AI
Un acto de resistencia personal, un legado de amor y una apuesta por la soberanía digital en la era de la IA.

A veces inicio algo sin saber muy bien por qué: intuición, necesidad, experimentación o una combinación de todas. No lo sé. Pero según avanza la IA globalmente, y llegan noticias de nuevas herramientas y de lo que se puede hacer, cada vez me siento más incómodo. Una voz resuena en mi interior diciendo que algo no está bien, que debo hacer algo.
El reto de reaprender y el camino hacia Linux
Por una parte me siento desamparado; lo que sabía hacer ya se hace de otra forma. El valor de mis conocimientos no se pierde, pero en parte se degrada y debe reciclarse. Siento angustia. ¿Saber cómo eran los “viejos motores de combustión” te hace entender mejor los nuevos? Después me llega un golpe de realidad a través de compañeros y foros: la velocidad de aprendizaje y superación de las nuevas generaciones es asombrosa. Tengo claro que no me quiero quedar atrás; me impulsa el ansia de conocimiento y el miedo a perder el control.
Esa voz lleva ya varios años resonando. Lo primero que provocó en mí fue dejar Windows 11 en 2023 para meterme de lleno en Linux. ¿Los motivos?, un sistema pesado, lleno de bloatware, telemetría y la presión constante de perder mi privacidad fue lo que me impulsó al cambio. Hoy solo me arrepiento de no haber iniciado ese camino antes. Pero la voz no se calló con la adaptación para sustituir herramientas de oficina, edición, juegos o máquinas virtuales. Solo sirvió para que siguiese hablándome: “móntate un servidor local, ahora un VPS, despliega con Docker tus propios servicios, ten soberanía digital…“.
Construyendo mi asistente
Y cuando por fin casi la había acallado, ahora me grita: Toma el control de la IA, deja de ceder tus datos. Siento que acabo de iniciar un camino que no será fácil, a pesar de que cada vez es más realista ejecutar en local modelos que compitan con la nube, y esa brecha, con el tiempo, se estrechará aún más.
La llegada de la IA la he sentido como cuando a finales de los 90 descubrí Internet: a partes iguales me ha fascinado y obsesionado. Creo firmemente que estamos ante un cambio histórico. Quiero incorporarla a mi vida, pero haciéndola mía en la medida de lo posible. Tener mi propio asistente; pero no estoy pensando en una Alexa sin corazón, sino algo parecido al ordenador de la Enterprise en Star Trek, pero que sepa quién soy. No, no pierdo el norte: no quiero poliamor con la IA, ni confío en ella como en un amigo secreto, pero sí es vital que me conozca plenamente. Solo así será realmente útil.
La soberanía de mi hijo y el Padre 2.0
Cuando abracé Linux, llegó el intento de ser más anónimo y privado. Herramientas de cifrado, VPNs y proxies se han incorporado a mi día a día, pero mi huella en Internet es indeleble. Ni aunque quisiera borrarla lo conseguiría; mis aciertos y errores están ahí, a la vista de quien pueda mirar, deba o no.
Pero me motiva mi hijo. Él ya está perfilado por el mero hecho de existir, a pesar de que con cuatro años no tenga ni DNI. Quiero protegerlo, no solo en la vida real, sino dándole el mejor futuro digital que pueda permitirme. Debo proteger su privacidad y que sea soberano de las decisiones que quiera que los demás conozcan. Para ello, en primer lugar, yo debo aprender, debo mejorar la seguridad en casa, tener las herramientas para proteger la privacidad en el uso de la tecnología y la IA.
Otra idea que me ronda es, ¿Y si consigo que mi agente Alyss AI sea capaz de absorber, con el tiempo, mis valores, mis hechos, mis pensamientos e inquietudes? ¿Y si soy capaz de almacenar quién soy, por lo menos parcialmente? ¿Podría emerger una versión digital mía que dialogue con él cuando yo ya no esté físicamente, o mis nietos? Un Padre 2.0, ¿una especie de Hari Seldon de Asimov?
Este pensamiento es aterrador por su ancla emocional, pero a la vez maravilloso. El día que abandone este mundo, dejaré tras de mí pertenencias físicas, pero también un mundo digital. Fotos, vídeos, audios… pero también, en una carpeta con un puñado de ficheros de texto, mi esencia procesada por Alyss AI.
El Manifiesto
Alyss AI no pretende ser solo un asistente; es un acto de resistencia personal, un legado de amor y una apuesta por un futuro donde la IA sirva al individuo, no al revés. Empieza ahora: con un modelo local, un vault encriptado y la voluntad de no ceder más datos innecesarios. Porque si no tomamos el control, otros lo tomarán por nosotros.


